Y vino el lobo!!!

Lo venían avisando desde hace años y finalmente llegó. La precaria situación de muchos talleres va a hacer que 2023 encoja muchas Fallas para la propia supervivencia de la profesión.

Sí mis queridos falleros, el “lobo” ha llegado para los artistas… y para las comisiones.

Los artistas llevaban tiempo avisando de que su situación cada ejercicio empeoraba más y la pandemia no ha hecho más que agravar una situación de decadencia que llevaban arrastrando años atrás y que por desgracia no ha hecho más que acabar con un buen puñado de talleres… y los que quedan.

Pero vayamos al principio, dónde empezó a fraguarse el principio del fin de toda esta catástrofe, el famoso 75 + 75.

Todos pensábamos que aquellos dos años iban a ser la salvación de muchos talleres de artesanos a los que la pandemia les había pillado (algunos salvados por la campana) en una situación ya de estrés económico y cerca de la bancarrota. Pero la verdad es que después de analizar todo lo ocurrido, solo hay unos claros perdedores… los artistas falleros.

En dos años han tenido que sacar proyectos de los que los falleros nos vanagloriábamos por pensar que, al ser a largo plazo, llenarían nuestras plazas de jolgorio y alegría en forma de figuras esculturizadas de primer nivel, a lo Julio Monterrubio, pero ¡Ay Manolete¡, lejos de la gloria, quedará la figura de unos artistas que a la hora de quemarse los mal llamados monumentos, han tenido que entonar el ¡Pobre de mí¡, en vez del glorioso himno de València.

Si ya es complicado firmar una falla a un año por la posible subida del precio de los materiales (que siempre corren a cargo del artista), firmar a dos años y tal y cómo han ido los acontecimientos, ha sido la ruina total para un sector ya de por sí castigado. 2022 ha sido de largo, el año con mayor número de incidencias en una plantà… artistas que no han llegado, otros que no han plantado lo que tocaba, otros que directamente no han aparecido, en definitiva, un desastre descomunal para una fiesta declarada Patrimonio de la Humanidad.

Pero la culpa no es solo de ellos, detrás de cada taller cerrado hay una o varias fallas que no han visto lo que sucedía, ni siquiera han visitado el taller de su artista durante los dos años de la pandemia, bien porque no se han dado cuenta de lo que pasaba o bien porque directamente han pasado del artista porque ¡ha cobrado hasta el último céntimo y tenía que plantarnos según lo pactado¡.

Mención a parte se merecen las que todavía a día de hoy siguen sin saber lo que pasa dentro de un taller porque sólo han visitado al artista el día de la visita (por el almuerzo básicamente), esas que cuando van a contratar a un artista lo primero que les dicen es… “Yo la quiero grande ¿eh?”, esas que cuando pagan, se creen los amos del universo fallero y regatean para sacar un ninot más “pa la xiqueta”.

Pues avisado queda que para 2023 las fallas van a encoger y mucho porque el lobo les ha metido un buen bocado. Lejos quedarán aquellos volúmenes majestuosos de la desaparecida Nou Campanar, lejos quedarán aquellas plazas dónde los ninots tocaban el balcón de la vecina, y lejos quedarán (en algunos casos) aquellas palmaditas en la espalda a los artistas por parte de algunos presidentes que ya os aseguro, no se van a sentir alegres y contentos cuando vean lo que los artistas han podido plantarle con su seguramente, humilde presupuesto.

Se espera un año complicado, los materiales siguen subiendo, el corcho (ya va por el doble de lo que costaba antes de la pandemia), la madera, la pintura… todo ha subido, todo sigue subiendo y los artistas que quedan ya no saben ni que hacer ni por dónde tirar.

Desde las fallas debemos echar un cable simplemente entendiendo su situación, porque si no al final, el lobo acabará por comerse hasta el último “sacabutx”… Auuuuuuuuuuuuhhhhhhhhhhh ¡¡¡¡